Con palabras inservibles y sacos de
letras hechas polvo, desarrollé un abono, para fertilizar los campos baldíos de
mi mente.
Cuando estuvieron productivos, los sembré
con “Palabrera Inteligentis”, más conocida como, “la planta de las palabras”.
Las regué con generosidad e
imaginación, emergiendo rápidamente y cuando apenas se podían escuchar, deseché
los brotes malsonantes, los mediocres, los insignificantes, los groseros, los
indecentes…, comencé una complicada tarea dejando las ramas más vistosas y con
mejor sonoridad, cuando alguna parecía que se iba desviando, les colocaba un
acento o un adjetivo y si la cosa era muy grave, llegaba a sulfatarlas con
artículos o verbos, el objetivo era recoger una buena cosecha de palabras…,
pero como en todos los cultivos, cuando no se dan las condiciones ideales, se
extendió una gran plaga, el aburrimiento, traté de aplicarles diferentes
medicinas, alegría, optimismo, ilusión, humor…, tenía la esperanza de que, con
el tiempo, superarían la epidemia pero solo unas cuantas consiguieron salir
adelante y son estas palabras las que he ido recogiendo para ti.
Moisés Coronado, Febrero de 2016.
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