miércoles, 14 de enero de 2015

Plaza de Doña Elvira

                           
Sevilla tuvo que ser testigo de nuestros encuentros furtivos, yo andaba por los dieciocho, a ti te rondaban los veinte. Detrás de la celosía esperaba impaciente cada tarde tu voz- a las ocho en el banquito verde, el que pega a la fuente- allí estaré, ahora vete, que viene la tía Angustia.
Mis pasos rápidos recorrían el barrio de Santa Cruz hasta la plaza de Doña Elvira, casas blancas con molduras de albero escoltadas por hileras de naranjos, rejas dibujadas por geranios multicolores, detrás se asomaba de puntillas las Giralda, qué curiosa miraba cómo en el encuentro nos fundíamos en un abrazo.
Con manos entrelazadas oíamos como un aplauso el salpicar de la fuente, envueltos por el aroma de las interminables flores de la placeta y acariciados por la brisa del Guadalquivir.
                               ¡Qué emociones a tropel!
En nuestros largos paseos nos sorprendían parcelas repletas de rosas rojas, blancas, amarillas, y en nuestras conversaciones ya casi anochecido cuando empezaba a vivir la tenue luz de los farolillos, alimentábamos sueños que la vida aun no corrompía. Un beso mudo ponía fin a las noches mágicas de aquel verano en Sevilla.
Pero terminaron las vacaciones y llegó la despedida, un último beso y un sobre cerrado con la promesa de no abrirlo hasta la partida. Aquella mañana la tía Angustia estaba más nerviosa que de costumbre- ¡ vamos niña, vamos, llegarás tarde! ; con desgana subí al tren y una vez en marcha abrí aquel sobre para oír nuevamente tu voz:
                                        Quiero llenar con tu lluvia
                                         los aljibes de mi espera                  
                                          tu lluvia llena de luna
                                           tu lluvia de luna llena.
¡Ay barrio de Santa Cruz! ¡Ay plaza de Doña Elvira!, hoy os volví a visitar… y me pareció mentira.
                                                                                 
                                                                                                            Ana María Contreras.



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